Sol, arena, playa y fiesta verdeamarella
Por Escudero Angie
El sol de la mañana comenzaba a
vislumbrar en la cancha principal de un Caribe Canalla que se preparaba para
vivir lo que sería una de las jornadas más vibrantes de la Liga Sudamericana de
Fútbol Playa. Brasil y Argentina, el clásico sudamericano más pasional, iba a
llevarse todas las miradas.
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Ambos equipos llegaban con hambre de
gloria y objetivos bien claros, obtener el trofeo y el pase a la gran final a
disputarse en Paraguay en el mes de octubre. Argentina llegaba con puntaje
ideal en el equipo sub20 y la confianza al 100, algo que no estaba sucediendo
en el equipo de los mayores, quienes venían de perder un punto por demás de
importante frente a la selección de Chile luego de tener que ir a un tiempo
suplementario.
Brasil, por su parte, llegaba con
puntaje ideal en ambas ramas y siendo demoledor en cada una de sus
presentaciones. Estábamos listos para vivir un día de pura emoción y fiesta que
esperábamos fuera celeste y blanca.
El nerviosismo se podía palpar en
aquellas tribunas, repletas por cierto, del mítico Caribe Canalla. La arenga de
los pibes de la sub20 se escuchaba llegar por el largo y frío túnel que
conectaba los vestuarios con la arena de una cancha repleta.Luego de los himnos
y los saludos protocolares, el silbato dio inicio a lo que sería la única
alegría del día.
Al cabo del primer tiempo
reglamentario, argentina no solo se encontraba en la difícil tarea de tener que
remontar un 2-0 abajo, sino que además debía frenar de forma urgente los
potentes ataques de Brasil. La tribuna hacía su show aparte mientras esperaban
ansiosos la gran hazaña que llegaría recién en el segundo tiempo.
Manuel Pomar sería el encargado de
comenzar la remontada esa tarde, tras un gran remate desde mitad de cancha,
logró abrir el marcador y poner a delirar aún más al público local.
El calor y la expectativa de la gente
aumentaba cada segundo, debían empatar lo más pronto posible si querían llegar
con posibilidades claras al tercer y ultimo tiempo.
El empate llegó y el caribe explotó
junto a Lucas Ponzetti, el rosarino que tantas veces supo gritar y convertir
goles en esa arena, le daba esperanzas a una selección que venía de menor a
mayor en el encuentro.
Finalizado ya el segundo período, la
sub20 albiceleste se encontraba ganando 5-4 el partido, pero sabían que un
error les podía costar muy caro. La gente, consiente de aquello, se hacía
escuchar cada vez más fuerte sabiendo que aquel clima hostil podía intimidar a
cualquier rival y vaya si lo lograron.
El resultado se mantenía y ahora el
cronómetro en pantalla con la cuenta regresiva parecía no funcionar, el tiempo
pasaba lento y el banco de suplentes argentino se aguantaba las ganas de saltar
al campo de juego para celebrar el, hasta ese momento, histórico triunfo frente
al poderoso Brasil.
El pitido final llegó y con él la
euforia se desató en aquella cancha, “fueron 2 meses de trabajo muy duro y
supimos dejar todo frente a un gran rival”, declaraba con emoción en sus ojos
el rosarino Nicanor Maciel.
La alegría albiceleste duraría poco,
ya que minutos más tarde, el combinado mayor de Brasil le ganaría con mucha
autoridad por 6-3, quedándose de esta manera con el primer puesto de la Liga
Sudamericana de Fútbol Playa.



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