Clásico rosarino. ¿Cómo explicarlo?
Por Elian Cabrera
¿Cómo
le haces entender a alguien, que dice “son 22 tontos corriendo detrás de una
pelota, que en la tribuna tienen casi una ciudad alentandolos? ¿Cómo le
explicas, a alguien, que a pesar de que el país está hundido en déficits e
inflación, la gente va a la cancha con alegría? En esta crónica, tuvimos la
chance de estar en el clásico de Rosario, uno de los más pasionales del país,
para buscar respuestas a estas preguntas.
Domingo 15 de septiembre. Amanece con un sol radiante, que tampoco quiere perderse lo que pasará hoy. Algunos, llegan de una salida nocturna y optan por acostarse a dormir. Otros, deciden, como se dice en la jerga juvenil, “pasar de largo y seguir de gira". Otros, algunos un poco más grandes, preparan el mate mientras piensan que compra se olvidaron de hacer. Hoy como ya lo dijimos, Central-Newells se verán las caras en el clásico. Los hinchas de Newells, no podrán ver a su equipo en el estadio Gigante de Arroyito, porque hace algunos años, unos inadaptados e incoherentes dirigentes, tuvieron la grandiosa idea, de que los partidos del fútbol argentino, se juegue sin hinchas visitantes. Bares, casa de amigos, una estación de servicio, las peñas del club, será donde los simpatizantes de la Lepra se junten a disfrutar del encuentro. “Vamos a la casa de tal, que la última vez que fuimos ahí ganamos", “Vamos al bar de tal, que en ese goleamos", “Lo escuchamos por x radio, que en esa escuchamos tal victoria”, son algunas de las frases que deben decir los hinchas de Newells, por cábala. Y también hay cábalas por parte del canalla. Lucio, un estudiante, fue llevado a la cancha por su compañero de facultad, por una especie de cábala. “Siempre que fui a la cancha, ganó Central", nos cuenta.
Ya
pasaron unas horas. El sol, cada vez pega más fuerte sobre la ciudad de
Rosario. Mediodia, y ya algún que otro hincha canalla o leproso, debe estar con
el asadito arriba de la parrilla. Algunos deben optar por un costillar, otros
un lechón, y otros simplemente unos choripanes. Toda comida es excusa para
juntarse con amigos a vivir la previa del encuentro, comer algo juntos y porque
no, tomar alguna cervecita, un vino, un fernet. Toda bebida que contenga
alcohol, créanme usted, que será ingerida por cualquier hincha. Y si, otra de
las cosas que empiezan a circular, son las famosas apuestas y cargadas. Compañeros
de trabajo, de facultad, de escuela, de la vida, del barrio, hacen las
apuestas, para ver quién gana hoy. Saben, que si pierden y encima no pagan lo
que apostaron, la cargada, será de por vida. Otros, simplemente, comienzan con
otro ritual, que siempre es previo de un partido importante, las promesas. Hay
variadas y de todos los gustos. Alguna que otra, desagradable, otra en cuanto a
lo personal, otra en cuanto a lo laboral y demás. Y además, déjenme decirle y
esto créame, que nadie reza o le pide algo a algún santo, pero en la previa de
un clásico o un partido importante, todos son devotos de cualquier religión.
Ya,
la canción cada vez se siente más. La gente sabe que el canalla está por salir.
Los suplentes de la lepra, se dirigen hacia el banco de suplentes, bajo una
lluvia de silbidos. El árbitro y la visita, están en la manga inflable, que da
caminata hacia el terreno de juego. Pero Central no. Ahora sí, asoma la cabeza
el Colo Gil y una lluvia de papeles, perdón que digo lluvia, una tormenta de
papeles cae sobre el campo de juego. Una bandera que da vuelta desde una
popular hacia la otra. La platea desplega otra bandera. Fuegos artificiales,
bombas de estruendo, bengalas, todo para que sea una FIESTA, con todas las
letras y en mayúscula. Una locura. Los equipos deportivos que transmiten, no se
escuchan los unos a los otros. La gente se parte la garganta cantando por su
equipo. Si siempre se dice que La Bombonera tiembla, hoy el Gigante de Arroyito
es un terremoto. Piel de gallina. A unas 10, 20 cuadras, el aliento de los
simpatizantes se sigue sintiendo. “Fue hermoso, nunca lo había vivido, fue algo
muy lindo", nos vuelve a decir Lucio. Para que ustedes entiendan, Lucio no
es de Rosario. Es un amante del futbol como todos nosotros, e igual pudo entrar
para vivir esta fiesta. Y usted, créame que cuando yo dialogue con el, me
contaba esto, con la piel erizada.
Ya
el fervor por el inicio pasó. El encuentro comenzó. Del partido, poco y nada
para decir. Como ya nos tiene acostumbrados el clásico, mucho roce, muchos
golpes, poco juego. 1-1 terminó el encuentro. Para el Canalla, marcó Riaño.
Para la Lepra, lo hizo Cristian Lema. Un empate que les conviene a los 2, ya
que están peleando el descenso.



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